En búsqueda de la falsa felicidad...

¿Qué palabra define mejor la juventud? Incomprensión. No solo ser incomprendidos por las personas contemporáneas a nosotros y por los adultos que nos rodean, sino por nosotros mismos. Atravesamos transiciones que nos definen por el resto de nuestras vidas; mucha responsabilidad si me preguntan mi opinión. No es hasta que crecemos y nos damos cuenta de todas esas veces que arruinamos las cosas, que nos arrepentimos y deseamos volver en el tiempo; cosa que claramente es imposible. Lo único que nos queda es aprender de ese error y mejorar cuánto podamos, mientras podamos.
            Al sentirnos incomprendidos, claramente no nos sentimos escuchados, por lo tanto nos guardamos cosas importantes por mucho tiempo. Al tener tantos sentimientos, inseguridades, y pensamientos comprimidos, queremos bloquearlo todo porque nos sentimos sobrecargados de emoción. Ahí es cuando llega la búsqueda de la falsa felicidad. Lamentablemente, vivimos en un mundo que crea sociedades materialistas, hipócritas e insaciables que tienden a criticar al que siente y aplaudir al que finge que no lo hace. Pocos jóvenes son la excepción, y por ello tienen una responsabilidad con su generación. El alcohol, las drogas, y el sexo, son canales desenfrenados de bloqueo de sentimientos, y los que promueven esto son los que producen en jóvenes frases como: “No quiero pensar, solo disfrutar” o “No te arrepientas, solo vives una vez”. Las preguntas que me hago constantemente y que ahora hago a todas las personas que leen esto son: si solo vivimos una vez, ¿Lo estamos haciendo de la manera correcta? ¿Estamos dando algo positivo? ¿Algo en absoluto?
            La vida se trata de dar; sin embargo, me encuentro a mi misma y a los que me rodean con una sed de recibir. Recibir placer en un beso (o algo más), diversión en una bebida (o unas cuantas) o relajación en una calada de cigarrillo (quizá varios). Me encuentro pensando en nada y a la vez en todo, pero desviando mi atención de esas emociones que ni yo comprendo con “me gustas” en Instagram o estereotipos de lo que “debería ser” en redes sociales. Nos muestran una “realidad” virtual que engloba el libertinaje y nos impulsan a hacer cosas que dañan a los demás y a nosotros mismos sin propósito. Esto nos hace felices pasajeramente -una sonrisa, un chisme- pero luego viene la soledad, que nos ha estado acechando por un tiempo. Llega el vacío que no pueden llenar sustancias o personas, solo amor. Amor que creemos no merecer, pero que nos ha estado esperando a la vuelta de la esquina; aventuras que no dependen de una cámara o una conversación sin sentido por un teclado; interacción verdadera con personas verdaderas y con historias que contar más que la resaca que tuvieron el fin de semana. Saber de dónde venimos y hacia donde queremos llegar, vocación y pasión por lo que hacemos para vivir, tiempo con nuestras familias, hacer cada cosa al cien por ciento; con trabajo duro y dedicación, porque los mediocres al no hacer nada completamente bien, no viven nunca completamente bien -y se los digo por experiencia.
            Invito a todos los que leen esto a no juzgar de antemano la opinión que tanto trabajo me ha costado elaborar, y a no pensar que intento dictar como deben vivir sus vidas. Piensen y reflexionen lo que están haciendo con las suyas, ya que el cuestionamiento de la mía me llevo a estas conclusiones. En efecto, tenemos una sola, y disfrutarla de la manera que me producirá la felicidad verdadera es como quiero vivirla, ¿No lo quieres también? 

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